domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Cómo se coloca todo bien?

"¿Cómo se coloca todo bien? ¿Cómo lo consiguen las personas? Porque si te callas demasiadas cosas, un día estallan o se pudren. Pero si las dices, haces daño. Y a veces mueves la mano y sin querer tiras el vaso y hay agua y cristales; dicen que eso es fácil de arreglar con una bayeta y barriendo cristales. Lo que no se arregla es que te gustaría clavarte uno, que saliera sangre y no llorar."
Belén Gopegui

sábado, 28 de diciembre de 2013

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cerca del final, dónde todo empieza



"De pronto, las nubes se disiparon y las estrellas brillaron espectralmente sobre sus cabezas. Abajo todo seguía oscuro, pero aquellas pálidas balizas en el cielo parecían animadas en un sentido y un propósito que nunca habían tenido en otro lugar. No es que las figuras de las constelaciones fuesen diferentes, sino que las mismas formas conocidas parecían revelar un significado que antes no habían logrado poner de manifiesto. Todo convergía hacia el norte; cada curva, cada asterismo del reluciente firmamento formaba parte de un vasto proyecto cuya función era obligar primero al ojo, y después al mismo observador, a dirigirse hacia un secreto y terrible objetivo convergente situado más allá del yermo helado que se extendía interminable ante ellos."

martes, 3 de diciembre de 2013

Susan

Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood… Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores


Es que Europa, la Europa en construcción desde la victoria final del capitalismo, en 1989, se trae otra cosa entre manos. Algo que verdaderamente deja obsoleta la mayor parte de las cuestiones relativas a la justicia y, en realidad, todas las cuestiones morales. [...]  Una Europa diseñada para el espectáculo, el consumo y el apretón de manos... [...] Sí, esto es Europa. La Europa que no respondió al bombardeo serbio de Dubrovnik. Ni al sitio de tres años de Sarajevo. La Europa que permitió que Bosnia muriera.

Una nueva definición de Europa: el lugar en que el no ocurren tragedias. Guerras, genocidios... eso ocurrió aquí una vez, pero ya no. Son cosas que pasan en África. (O en lugares de Europa que no son "realmente" Europa. Es decir, en los Balcanes). [...] Porque algo verdaderamente horrible sucedió en Bosnia. Desde los campos de exterminio serbios en el norte de Bosnia en 1992, que fueron los primeros campos de exterminio en suelo europeo desde los años cuarenta, hasta las ejecuciones en masa de muchos miles de civiles en Srebenica y en otras partes durante el verano de 1995... Europa lo toleró.

Así que, obviamente, Bosnia no era Europa.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

The Real Toy Story


La verdadera historia tras los juguetes.


Son el alma y corazón del capitalismo. Cosas bonitas cargadas de miseria. Alegría industrial. Regalos envenenados. En el centro de la explotación las sonrisas frente a la cámara se congelan en amargura.


Los cuerpos vivos se amontonan entre las piernas y brazos de plástico, los cuerpos de plástico, los héroes infantiles de plástico. Sobreviven, comen y duermen rodeados de los regalos de unos pocos.


Y trabajan. Repiten mecánicamente el mismo gesto una y otra y otra vez, hasta que su cuerpo se adecúa a la más indigna repetición. Hasta convertirse en los muñecos que hacen muñecos.


El consumo sanciona la situación productiva. ¿Qué importa el hacinamiento, siempre que lo sufra quien nos es ajeno? Compramos la desgracia de muchos para sembrar un algo de alegría exigua en unos pocos.


Estas navidades las niñas chinas le han pedido a Papa Noel no tener (que fabricar) tantos regalos.


 Cuando se acercan ciertas fechas no está de más recordarlo.



(Todas las fotografías son de Michael Wolf)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Black power








Hace ya 45 años que Smith y Carlos levantaron el puño contra la discriminación racial mientras sonaba el himno del país que unos meses antes había visto morir a Martin Luther King. Serían sancionados de por vida.

La lucha sigue.


martes, 8 de octubre de 2013

Career opportunities



Career opportunities are the ones that never knock
Every job they offer you is to keep you out the dock
Career opportunity, the ones that never knock




lunes, 30 de septiembre de 2013

Tiempo para un sueño



"siendo noche en el valle, el frío se adueñó de todo.
hizo suya mi voz, me robo las ideas,
y le descubrí abriendo la colección de mis sueños."



martes, 24 de septiembre de 2013

Ask the Dust




Has leido a Nietzsche, has leido a Voltaire, tendrías que saber más que nadie a estas alturas. Pero pensar no serviría de nada. Podría salir del apuro con ayuda de la razón, pero la razón no era la sangre. Y era la sangre que me mantenía con vida, era la sangre que me circulaba por las venas que me decía que la razón no tenía razón. De modo que me sumergí en mi propia sangre, dejé que me arrastrase y me remontara al piélago profundo de mis orígenes. [...] Podía aportar explicaciones matemáticas, filosóficas, psicológicas, lo podía explicar de cien maneras distintas, pero me había equivocado, porque no había forma de ocultar el ritmo cálido y uniforme de la culpabilidad.

Pregúntale al polvo. John Fante





viernes, 20 de septiembre de 2013

Cumpliendo años



Hace unos meses volvimos a amanecer borrachos en pirámides. Después de desayunar churros con cerveza acabamos la noche durmiendo en el suelo, en medio del puente del parque, con el sol despuntando.

Nos despertaron un par de amigas que se habían ido a mear. El parque seguía allí, como durante todo este tiempo. Me di una vuelta más por mi memoria. Era como retroceder 10 años, pero allí no había nadie de los de antes. Ni siquiera yo.

Recuerdo hace años pasar por el parque sin quedar con nadie y encontrar a los colegas. Bajar por la rampa con un litro en la mano hacia el parque de Verola (otro lugar de peregrinación sagrado) cuando no aparecía nadie, por si andaban enrollados. O ir a comprar cigarros sueltos y cerveza al chino del dos parques, que hoy ni siquiera existe ya. Los biturbos de Rachel, fumados en ambulancia o con una botella haciendo de cachimba. Me acuerdo de enrollarme con la pija de Virginia frente al burguer, a espaldas de su novio, que luego dejaría de hablarme. O acompañar a la Orozco hasta la parada del bus con ganas de liarnos, pero evitándolo. Recuerdo vagamente la charla con Raquel después de eso, tenía razón al decir que fui un capullo. Me acuerdo que un día sin venir a cuento me tiró una lata a la cara. Supongo que me lo merecía...

Recuerdo el intento fallido de asaltar la piscina pública de mi infancia.

El primer pedo me lo pillé con el Cid y una botella de Martini. Conocí la sensación que me acompañaría los siguientes años. Me acuerdo de muchos días bajando con Ponte desde el Lidl de embajadores con garrafas de sangría, lo más barato para emborracharse. Las pillábamos antes de los conciertos y a la mañana siguiente despertabas con la boca negra y diarrea. Un día llenamos un carro de vino y cocacola para beber todos los del parque. Éramos una generación que daba auténtica pena, estábamos enganchados a la melancolía, al fracaso y a los amores etílicos.

Años antes habíamos montado hogueras en el parque. Las saltábamos como si fuese San Juan. Calentábamos en ellas nubes de gominola y nos las comíamos con sabor a humo. Recuerdo las luces de policía y las carreras. Acabar frente a un muro con las manos en la pared y las piernas separadas. El día que me amenazaron con un destornillador para intentar robarme y volvimos a ser nosotros los que acabamos enganchados por la policía para registrarnos.

Una mañana me arrancaron el móvil de las manos y me llevé un par de patadas de regalo. Llamé a la gente, nos juntamos unos pocos y encontramos a los gilipollas, nos encaramos y reventaron el movil contra el suelo antes de largarse. Recuerdo llamar después a una ex para pedirle el número de mi novia.

El primer día que bebimos con Vilchis la policía nos registró cuatro veces. Descojonados, mientras nos miraban los bolsillos me dijo que no volvería a salir conmigo. Una noche, poco después, acabaríamos juntos, él completamente empapado en vino y llamando a amigas dispuestas a follarle

Recuerdo la vez que me fui de pellas al cumple de una tia del instituto que apenas conocía, y cómo acabamos cantando Manolo Kabezabolo como unos pirados imbéciles. No sé si volvimos a vernos después de eso. Por aquel entonces parece que a todos nos encantaba cantar a gritos. Dónde están mis amigos. Canciones que ahora cobran mayor significado. Yo me empeñaba, sin éxito, en cantar Burning en lugar de Ska-P.

No siempre bebíamos. Algunos días de verano acabábamos hinchados a helado, jugando con los malabares y las cariocas, recitando los versos más cutres de Extremoduro. El helado "energético" era de color naranja radioactivo.

En fin, que hace poco volví a despertar en pirámides, pero habían pasado más de 10 años. No había nadie de entonces por allí. Ni siquiera yo.

Tengo 25 y me he escapado del barrio. Tengo trabajo (más o menos), coche y voy al cajero cuando no tengo pasta, en lugar de mendigar o tirar de los colegas. Tengo una sobrina que me alegra la vida cada vez que la abrazo. También hay otro en camino. Han pasado tantas cosas que ni siquiera me animo a contar... Ahora brindamos sobre todo con zumos y Aquarius.

Y, pese al tiempo, sigo enganchado a la melancolía y el fracaso.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El herido



                  I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

                  II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández


viernes, 13 de septiembre de 2013

lunes, 2 de septiembre de 2013

¡No!



Admitámoslo: les tenemos algo de tirria a los franceses. 

Nos tiraron la fruta, son chovinistas, miran con superioridad hacia el sur de los pirineos.

En esta mierda que algunos llaman España tenemos nuestros patriotas chusqueros. De hecho aquí se la liamos a los agricultores marroquíes cada día. Tampoco es que Francia no haya parido la comuna, el Terror revolucionario, a los letristas y situacionistas, el mayo rebelde... Quizá les desprecio por llevarse a los mejores. 

Lo decían los Larsen: Malditos franceses, dejadnos en paz.

Hablando de Larsen, si habían empezado fuerte con la maqueta "Destruye Madrid", el disco No! y su ataque a los franchutes les abrió un hueco en el olimpo del punk basura. Frontera francesa compartía disco con la psicótica Nacido de la pota de un punk, Vomitas sangre y otra genialidad: Lucha contra el tecno. 

Un manifiesto de intenciones para toda una generación (o varias).



miércoles, 14 de agosto de 2013

I am Nina



I don't wanna be another junkie
I don't wanna be no criminal
All I really want is to be free
A free rebel!

I don't wanna be another junkie
I don't wanna be no criminal
All I really want is to be free
A free rebel!

And I don't wanna be like Elvis Presley
I don't wanna be no fat asshole
I don't wanna die in White Trash City
FUCK LAS VEGAS!

I don't wanna be like Neo-Nazis
I don't wanna eat beef and get drunk
I don't wanna live in Germany
I want my freedom!

I don't wanna be another yuppie
I don't wanna drive a Beemer
I don't wanna die in Malibu
I AM NINA!

I don't wanna be another junkie
I don't wanna be no Kurt Cobain
All I really want is to be free
A free rebel!

na-na-na-na-na.... . . .

 

 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Negación


jueves, 1 de agosto de 2013

Maki



No suelo ver la televisión pero hoy me puse una película y, al quitarla, por casualidad me encontré viendo en La 2 la serie de Makinavaja. Fue una sorpresa cojonuda, aunque a mi siempre me gustaron más las viñetas de Ivá que la versión de la tele o las películas del Pajares. Viñetas irreverentes por las que, junto a otras, la revista El Papus recibió un bombazo de grupos ultraderechistas en su redacción a finales de los 70. Yo descubrí al Maki bastante más tarde, en los especiales de El Jueves, revista mítica con la que muchos hemos crecido y que se merecería otra entrada.

Viendo la serie me di cuenta de que el Rubianes, que hacía del Maki, está ya muerto y me acordé de cómo poco antes de palmarla, las hordas de españolistas se le tiraron encima por decir que la idea de España se la sudaba por todas partes. Más concretamente: A mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Y que se metan a españa ya en el puto culo a ver si les explota dentro y le quedan los huevos colgando en los pantalones. Que vayan a cagar a la puta playa con la puta España que llevo desde que nací con la puta España. Vayan a la mierda con el país y dejen de tocar los cojones. Siga por favor.

¡Grande, Pepe!


Entonces me acordé del pedazo de artículo de Abel Ortiz a propósito de ese jaleo y no pude resistirme a ponerlo aquí. Vaya este homenaje para el Maki, Ivá y el Rubianes. Recuerdos casi borrados de una época más salvaje de nuestra historia.

Rubianes; po fueno, po fale, po malegro
Abel Ortiz

El gran Ivá creó un personaje único que habría de convertirse, con el pasar del tiempo, las transiciones y las bombas ultras en las redacciones de las revistas críticas al régimen, en la quintaesencia del barrio chino y en una referencia obligatoria de los barcelonólogos: Maki Navaja.

El Maki, integrante orgulloso de toda una cultura “pijoapartesca” que se movía con el soniquete de los gitanos de Gracia y las verbenas de las barriadas obreras, tenía como lejano pariente a Mack The Knife, (Mackie Messer), que inventara Bertold Brecht en 1928, para una canción de Kurt Weil, como parte de la opera de lo tres peniques.

Pepe Rubianes encarnó al personaje perfectamente como lo que era; un caramelo. Desde entonces a algunos nos cuesta disociar al actor del personaje.

El Maki, seguidor de la cofradía de San Buenaventura Durruti, no era un señor de orden y corbata, ni un meapilas engominado, ni un escandalizable escuchador de la COPE o la Ser, cada día más cercanas, que tuviera siempre abierto el baúl de las vestiduras de rasgar. La realidad que rodeaba su vida no dejaba hueco para galanterías versallescas ni educaciones pagadas en los curas.

La calle, la cárcel, la taberna y la escuela eran el mismo único escenario en el que se desarrollaba la acción; lejos de las urbanizaciones, las “casitas” del barrio alto, los pisos de alto standing y las conciencias habituadas a cogérsela con “Boyoré” o “Smoking”.

El Maki, orgullo de la fauna autóctona, jamás hablaría como un político, como un banquero o como un lorito de repetición, pero sobre todo, nunca hablaría como un súbdito. Rubianes, que no es ninguna de esas cosas, tampoco.

Parece ser que hay gente que se ha molestado con el actor. Dicen que se sienten ofendidos. Pobrecitos. Resulta que a Rubianes España le suda la polla por delante y por detrás como a muchos otros entre los que me encuentro. Para un determinado tipo de gente, fariseos e hipócritas sobre todo, eso es motivo de escándalo. La madre patria no puede ser mentada sin que los almibarados nenes del opus o sus satélites se sientan insultados.

Como español que soy, según mi pasaporte y mi certificado de nacimiento, de “pata negra” además, por castellano, me adhiero completamente a las ideas expresadas por Rubianes, incluidos los campanarios. Por delante y por detrás la idea de España, sobretodo esa España repetida tres veces que salió de la guerra civil, me la suda.

Y si los defensores de semejante cosa son una panda de peleles perfectamente intercambiables con aquellos que tararean algo similar en Catalunya o Euzkadi, todavía más. Ivá murió. El Maki aún aparca algunas noches el buga en la curva del Morrot y escucha cassetes del Gato Pérez. Ayer me llamó a ver si tenía algo de mandanga y aproveché para contarle lo que se dice en los periódicos a propósito de Rubianes y la censura del régimen españolista. Oí su respiración tranquilo y como daba una calada al canuto dejando correr el asunto.

- Maki, a tu colega el Rubianes no le dejan actuar en Madrid. Dicen que insultó a España y a los españoles. Lo han censurado.

- Po fueno, po fale, po malegro....me suda la polla Madrid. Y el parlamento. Y el rey. Y el papa....

I feel alright


Estoy cansado de no dejarme llevar... De pensarlo todo y de esta mierda de ética que a nadie más parece importarle. Puede que todo salga mal, que nos sintamos maltratados por nuestra gente y que todo se vaya a la mierda... lo cierto es que todo se suele ir a la mierda de todos modos.

Me he cansado de luchar contra eso, de intentar que salgan bien nuestras movidas, de tratar de mejorar las cosas en todos los sentidos. Las cosas nunca mejoran. Estoy agotado y quiero disfrutar del momento. Me dejo llevar y...

Hasta ahora todo va bien.

Bañándome en la noche he vuelto a mirar las estrellas desde el agua. Escondidas por la luz de las farolas y las vallas publicitarias constituyen una lección de perspectiva: Siguen ahí, da igual lo que hagas.

El desorden me ha invadido y no pienso hacer nada por solucionarlo. No puedo hacer nada por solucionarlo, no puedo dejarme la vida en intentarlo. Sobreviviré como pueda a ese caos que me acuna y me acunará en adelante como el latido de otro corazón más.

No sé si mis relaciones van a algún lado. Ya no me importa. Ni siquiera quiero pensar ya en la posibilidad de sentirme traicionado. Acepto la posibilidad de sentirme dolido y ya no me esfuerzo por evitarlo.

Hasta ahora todo va bien.

Quizá solo sea una fase, pero necesito pasarla. Olvidarme, aceptar las cosas como vienen, no tratar siquiera de influir. Antes me hubiese dado asco decir esto, ya no. Me da igual lo que le parezca al resto.

Mañana la mayoría apenas nos acordaremos unos de otros. Nos saludaremos con gestos vacíos al cruzarnos en cualquier lado. Puede que charlemos para aparentar que aún nos conocemos. Es lo que ocurre una y otra y otra vez, irremediablemente.

Con todo, hoy me siento bien. Quiero sacar algo bueno de cada día y de la gente con la que estoy hoy. Mientras pueda. Hasta ahora todo va bien, lo que no suele durar mucho. Habrá que disfrutarlo.



I was born my papa's son
A wanderin' eye and a smokin' gun
Now some of you would live through me
Lock me up and throw away the key
Or just find a place to hide away
Hope that I'll just go away
 
I feel alright – I feel alright tonight
 
I'll bring you precious contraband
And ancient tales from distant lands
Of conquerors and concubines and
Conjurers from darker times
Betrayal and conspiracy
Sacrilege and heresy
 
I got every thing you wont or need
Your darkest fear, your fondest dream
I ask you questions, tell you lies
Criticize and sympathize
Be careful what you wish for friend
Because I've been to hell and now I'm back again

jueves, 25 de julio de 2013

Abso-fucking-lutely


The Wire es una puta genialidad. The Pogues son los amos.


We are police. So no lies between us.

He wasn’t the greatest detective and he wasn’t the worst. He put down some good cases and he dogged a few bad ones. But the motherfucker had his moments. Yes, he fucking did.

You remember the Mississippi extradition? The arson murders? He brought that case home. And the triple at the after-hours over on Hudson Street…that was Ray Cole at his best. And Fayette Street in ’93, the drug wars. He took a lot of hot corners and cooled them. Yes, indeed.

He won as much as he lost. Much as any of us.

Did he piss off a wife or three? No fucking doubt. I think the last one actually kind of got used to him, thank God.

Did he say the wrong shit now and then? Did he bust balls and cheat on his taxes and forget to call his mother and fuck the wrong broad for the wrong fucking reason every now and then? Who fucking doesn’t? Christ!

Was he as full of shit as every other sad-sack motherfucker wearing a badge of Baltimore City Police? Abso-fucking-lutely.

His shit was as weak as ours, no question. But Ray Cole stood with us…all of us…in Baltimore…working, sharing a dark corner of the American experiment.

He was called. He served. He is counted.

Old King Cole.



The cadillac stood by the house
And the yanks they were within
And the tinker boys they hissed advice
'Hot-wire her with a pin'
We turned and shook as we had a look
In the room where the dead men lay
So big Jim Dwyer made his last trip
To the shores where his father's laid

Fifteen minutes later
We had our first taste of whiskey
There was uncles giving lectures
On ancient Irish history
The men all started telling jokes
And the women they got frisky
At five o'clock in the evening
Every bastard there was pissed

Fare thee well going away
There's nothing left to say
Farewell to New York City boys
To Boston and PA
He took them out
With a well-aimed clout
He was often heard to say
I'm a free born man of the USA

lunes, 15 de julio de 2013

Akordatzen

Recuerdo que nadie hablaba sobre la guerra civil. No supimos acerca de la guerra en mucho tiempo.  Pero, desde que supimos un poco, empezamos a darnos cuenta de que aún había edificios destrozados en el pueblo, empezamos a ver trincheras en la montaña, y que en las paredes de la calle también, observábamos agujeros de disparos, notables recuerdos de la guerra en el silencio del paisaje humano.

Recuerdo que amama Irene me dijo una vez, que en el último día de marzo de 1937 no se podía caminar por Durango sin pisar sangre.

Recuerdo que empecé a escribir, pero ya no sé cuándo, ni dónde, ni qué, ni para qué.

Recuerdo que con 17 años sabía mucho más de política que ahora.

Recuerdo que era de la ETA, y que ETA mató al padre de un amigo, y que sentí una tristeza enorme y sensación de ruina.

Recuerdo que me despertaba con el ruido del tren que pasaba al lado de casa, se asustaba el edificio entero. Y que el tren pasaba siempre a la misma hora.

Recuerdo las tres literas de Carabanchel. Las tengo encima del corazón.

Cuando le pregunté el nombre a esa chica que no conocía, recuerdo que me dijo que siempre le hacía la misma pregunta.

Recuerdo que escribí que la vida también se escribe con faltas de ortografía, y que eso también quería escribirlo con alguna falta de ortografía. Pero que no supe elegir la falta adecuada, porque los errores no se eligen.

Recuerdo que el niño me dio un dibujo de colores, diciendo que había introducido los colores de nuestra bandera. Y que en el dibujo había por lo menos once colores.

Recuerdo que estaba lejos. Lejos, muy lejos, lejos de cualquier parte, lejos y sólo, y lejos nada más.

Cuando me han dicho que ha muerto, me acuerdo de sus palabras: Que tot està per fer i tot és posible.

Recuerdo que somos memoria, memoria o casi nada.

La comunicación ha terminado. Abandonen los locutorios.


Joseba Sarrionandia, extractos de Akordatzen.
Gracias a Ixilik por la traducción

viernes, 12 de julio de 2013

Ira



No teneis ni idea, apenas podeis entrever una mínima parte de la rabia que me arde dentro.

He desmontado el salpicadero del coche. Siempre el puto coche como metáfora. Intentaron robarme la radio arrancándola y reventaron los cables desde la base. Al tratar de empalmarlos hoy se han jodido los intermitentes y ya se ha montado el cristo. Estoy harto. Harto.

Antes ya había tenido una enganchada virtual más o menos estúpida.

Vosotros, los que estais a mi lado, con los que hablo y disfruto cada día, os llevais todo mi afecto porque el rechazo hacia los que hay más allá es demasiado grande. Un desprecio que me agota psicológicamente. El único sentimiento auténtico capaz de saturarme, de sumergirme hasta el punto de hacerme perder el control. Si escribo esto es porque necesito volcarlo.

A veces deseo destrozar algo hermoso.

Mi capacidad de contención empieza a resquebrajarse. Necesito echar a más gente de mi vida. No me dan ya ni estabilidad. Ni me apoyan en mis batallas ni me refugian de los golpes. Solo perdemos el tiempo absurdamente con simulacros de amistad o familia. Necesito recuperar a alguna gente perdida en mi vida.

Mientras tanto, escucho Ictus. Los gallegos son de lo mejor para canalizar la ira.


miércoles, 10 de julio de 2013

lunes, 8 de julio de 2013

Reguetón de Tokote



Llevaba tiempo queriendo poner este magnífico video, pero no veía la oportunidad...

Así que, dedicada a la del postureo reguetoniano. Desde Asturies, la crew del Punano dándolo todo.

domingo, 7 de julio de 2013

Barrio



Un grupo de colegas sobreviviendo en un suburbio marginal de la selva urbana sienta las bases para una historia donde la decadencia choca contra las luces brillantes del espectáculo. El descampado se enfrenta al escaparate, los edificios de ladrillo visto a las playas paradisíacas de la publicidad.

En Barrio los personajes hablan como chavales de verdad y no como gilipollas estirados. Abundan las conversaciones estúpidas cargadas de crudeza, las falsas seguridades, los vaciles y las bromas.

El cartel de la película es un manifiesto: Una moto acuática en plena ciudad de Madrid, aparcada sobre la acera y encadenada a una farola para evitar que la roben.



miércoles, 3 de julio de 2013

Annie Hall

¿Conocen ese chiste? Dos señoras de edad estan en un hotel de alta montaña
Y dice una -vaya, aquí la comida es realmente terrible. Y contesta la otra -si, y además las raciones son tan pequeñas...

Pues basicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa.


martes, 2 de julio de 2013

Rosario, dinamitera



Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

Miguel Hernández

lunes, 1 de julio de 2013

Decepciones musicales I




Son demasiadas las canciones que en algún momento me transmitieron algo durante el tiempo justo para descubrir que sus autores son purria.

Para empezar, el Tote, capaz de sacar un disco de lo mejor del panorama rapero nacional y en el siguiente dedicarse a hinchar su ego como un gilipollas y mofarse de toda la peña que se levanta cada día para ir currar.

Con todo, supongo que esta canción sigue siendo un temazo:




Vilchis, esta te la debo a ti. ;)

domingo, 30 de junio de 2013

lunes, 24 de junio de 2013

Odio las mañanas III

A la larga, la cárcel me ha dejado sin gusto por la narración. Se me desgasta la memoria, igual que los rollos viejos de las películas. Pero sigue siendo inflamable, igual que el nitrato de plata del celuloide.

A estas horas, prefiero leer Bouvard et Pécuchet. Lo abro por el período 68/88.

¿Qué decir de esta memoria oficial que disculpa las verdades de las décadas cuando ya han finalizado los hechos? Después de los fusilados del 17, la colaboración... Se lloran unas cuantas flores sobre los amotinados, se enarbola el fantasma de Vichy; se juzga a Papin y a Touvier. Y listo. ¡Ahora se están investigando las torturas de Argelia! Así es como, cuando ya ha pasado cualquier peligro inmediato, se le da forma al pasado. Se pule. Y se le quita la espoleta a la Historia al limpiar de minas la memoria. Los maestros opinan que no hay que leer la historia toda seguida, sino imagen a imagen, lección a lección. Con breves resúmenes en la parte de abajo de la página, con recuadros de colores, como en nuestros libros de texto de antaño.

En los tiempos en que nos enfrentábamos a la dictadura de Franco, La Dépéche, el diario de Toulouse, se enrollaba con el fetichismo antiterrorista. Censuraba a esos alocados que enturbiaban las buenas relaciones con nuestros vecinos ibéricos. Cosa que habría resultado de lo más trivial a no ser porque por entonces el redactor jefe del periódico de la democracia era Rene Bousquet, ex jefe de la milicia de Vichy. ¿Acaso se había arrepentido para volver a ocupar un sitio en el ámbito del poder?

Aquí está la convocatoria de bloqueo. Dos hojas: una carta para el ministerio y una lista de reivindicaciones más bien heteróclitas que retratan a esta muchedumbre de presos que nunca sabe separar del resto lo esencial de su condición. Las peticiones repasan una vez más, trabajosamente, las preocupaciones mayores, como la aplicación de las penas y las relaciones con el mundo de fuera. Pero se les suman los problemas secundarios recurrentes en el penal: que venga un imán y que se acondicione un lugar de culto para los musulmanes, que la televisión sea gratuita, que se abra el polideportivo los domingos. ¡Deporte, televisión y religión, viva el opio de nuestras vidas sin vida!

Anónimas, salidas de la tierra incógnita de las precauciones, las dos hojas están ahora a la vista de todos encima de la mesa de la biblioteca. Muy a la vista. Las caras están serias. Nadie habla ya a tontas y a locas. En vez del barullo habitual hay cuchicheos inquietos. Incluso Nono está callado.

—¡Esto ya está en marcha! —suelta el Glotón, hablando consigo mismo. Seguramente para convencerse de que habrá que volver a pagar.

Solos o en grupos pequeños, los presos leen y vuelven a leer. Aunque todos saben que las palabras no tienen ya importancia. Ya están echados los dados. Ahora ya sólo se puede decir «participo» o «no participo».

Durante todo el día, los rumores más extravagantes corren por las galerías. Se desmienten, pero nadie sabe bien lo que va a pasar. Los hay que bromean. Otros se callan. Con las manos en los bolsillos. Tozudamente.

A las cuatro, los caballistas dan la última vuelta a la pista.
—Yo me voy derecho a la celda —dice uno de ellos con desconcertante orgullo—. No puedo quedarme, estoy esperando el traslado a una cárcel que no sea de seguridad.
Y otro, uno de los fanfarrones de los «chabolos»:

—El director me ha prometido que me va a quitar de la lista de los DPS.
—Fíjate en esos cagados —despotrica Rene—. Si hubiésemos sido siempre como esos acojonados todavía iríamos de uniforme de rayas y con zuecos.

17h45. José asoma la cabeza por la puerta. —¡Ya está! ¡Los del A han ocupado el polideportivo! —¿Hay muchos? —Lo menos cincuenta.

Zafarrancho de combate. La gente se reúne a trancas y barrancas en el patio de los Coloreds. La mayoría se agolpa a la sombra de la parte cubierta. Los trulleros dejan en nuestras manos la planta baja con tanta facilidad que no parece que haya que esperar que vayan a entablarse conversaciones.

Las nubes bajas, la llovizna. Ya es de noche.

—Me he puesto dos jerseys y el anorak por si acaso...

—Yo llevo manzanas en la mochila... Por si la cosa se alarga.

Fred, a quien preocupa que el asunto se tuerza o que los más nerviosos se pasen, toma la palabra para volver a exponer las consignas de la acción. Encaramado a una pila de cajones, Kiki charla, por encima de las verjas, con los ocupantes del polideportivo.

—En total, rondamos los cien; las dos terceras partes de los presos...

La mitad del pabellón B, que da al patio y al polideportivo, está a oscuras. Los presos que han vuelto a sus celdas se ocultan en la sombra. Me imagino con qué elaborada dosificación de vergüenza y contento individualista, puesto que, acabe como acabe la lucha, serán los primeros en sacarles partido a las mejoras que se consigan. Pasa el tiempo. En el patio cubierto, un frágil cuchicheo recorre la masa informe de los rebeldes. Algunos están sentados; otros sólo apoyados en la pared. A veces estallan algunas risas y retumban en la oscuridad. Y también están los que dan vueltas y más vueltas. Resueltos. Están calados, pero siguen caminando. Estoy seguro de que, si es necesario, seguirán en esa ronda vana hasta que se haga de día.

Están aquí los de siempre. No falta ni uno de los de la Sierra. Algunos veteranos y los árabes jóvenes. Algunas presencias nos dejan sorprendidos; hay incluso un «caso feo» como suele decirse. ¡Y en primera línea!

—En la lucha, todos los gatos son pardos —susurra Rene.

Y hay ausencias que llaman no menos la atención; personas bien conocidas, «rebeldes», dirán los ignorantes, «valientes». Esta noche los valientes recapacitan en la oscuridad de su celda silenciosa. De pie encima de la cama, están pendientes de los acontecimientos.

La fría llovizna se hace más intensa.

En la oscuridad, unos gendarmes que empuñan fusiles de asalto han limpiado la planta baja del pabellón, la entrada al pasillo y la puerta de seguridad. El director, en compañía de unos cuantos clones administrativos, hace una entrada en escena muy cuidada desde la puerta del paseo. Todos llevan gabardinas largas que se parecen a los guardapolvos de las películas antiguas de Sergio Leone. Nos juntamos despacio, para formar un único bloque, codo con codo en varias filas. Un cuadrilátero de hombres mudos.

—¿Alguien pide la palabra antes de que intervengan las fuerzas del orden?

La propuesta es tan extravagante que surgen sarcasmos a voleo, como si una jauría de perros mojados se sacudiera el agua. Apenas han transcurrido unos segundos cuando una brigada de policías nacionales entra en el patio en fila india. Oscuros. Con escudos grandes que relucen bajo la lluvia y porras de ébano. Reglamentarios. Listos para pasar revista.

—Nono, te habíamos dicho que te íbamos a dar una merienda de cumpleaños. Aquí llegan las galletas.

—¿Para qué os habéis molestado?

La voz le sale temblona y levanta en su entorno risas sofocadas.

Las siluetas negras juegan a sombras chinescas en las chapas de acero gris. Ahora golpean con las porras en los escudos. Ese sordo compás me devuelve, en un cegador flashback, a las encerronas en que acababan las manifestaciones. Toulouse, otoño de 1970. Los resplandores purpúreos de aquellas noches me pasan ante los ojos. Pompidou cenaba en el Capitole. Los chinos y los ácratas, los rojos y los negros, nos habíamos reunido en la esquina de la calle de Les Lois con los soportales, detrás de una barricada más simbólica que bélica. Aunque la primera carga no consiguió echarnos de allí. Pero la segunda, en cambio, nos desbordó. Vaciamos entonces a toda prisa los bidones de gasolina que unos cuantos previsores habían traído. El resplandor cegaba. Las llamas treparon por las paredes de ladrillo rojo con un zumbido de avispas enfurecidas. Rabiosamente iconoclastas, manchaban de hollín el balcón de Saint-Exupéry y demás pilotos de los tiempos de los vuelos postales. La barrera de fuego nos permitió retirarnos a las calles vecinas y hacia el campus de L’Arsenal. Fue un alegre galope. En cada esquina nos dispersábamos a derecha e izquierda, de forma tal que sólo tres o cuatro fuimos por el camino más largo, pasando por la facultad de letras. Cálculo erróneo. Al desembocar de Saint-Sernin, apareció un Land Rover a toda velocidad. Yo iba corriendo por el centro de la calzada y era inevitable que nos topásemos. El golpe me lanzó contra la barrera de los coches aparcados. El violento golpe no me atontó del todo. Con un reflejo defensivo, me metí debajo del vehículo contra el que había chocado. El Land Rover de las Compañías Republicanas de Seguridad se detuvo y sólo salió de él una orden:

—¡Hay uno por allí!
Volvió a arrancar en el acto y tras él iban tres autobuses grises. «¡Hay uno por allí!», la consigna retumbaba alrededor de mi precario refugio. Veía con toda claridad las botas rangers de los hombres que me buscaban. Hurgaban, metiendo lo que fuera, entre los montones de cubos de la basura. Corrían por los portales y los patios de los edificios próximos. Se alejaban y regresaban luego al punto de partida.

Estaba tumbado bocabajo, pegando al asfalto todo el cuerpo, empeñado en disolverme en aquella negrura salvadora. El pecho dolorido, el miedo, la carrera... El resuello me balbuceaba un desorden contenido. Algo más allá, en la plaza de Anatole France, comenzaban enfrentamientos. Podían oírse las explosiones de las granadas lacrimógenas y la lluvia de piedras contra el suelo y los vehículos. Eso desvió a mis perseguidores. A mi alrededor, las rangers reunidas formaban filas al compás de los tambores de las porras contra los escudos. Siniestras cohortes. Avanzaban, luego retrocedían, y volvían a avanzar, como una ola oscura. A intervalos regulares retumbaban los tambores, acompañados de pitidos estridentes y del estallido de las granadas. El dolor me abrasaba el pecho. Delante de mí, a pocos centímetros, se me quedaron prendidos los ojos en la mancha antigua de un charco de aceite en el que se ahogaba el arco iris que bajaba de un farol cercano. Aquella aureola de azules cobrizos me hipnotizó. La miraba fijamente, como al damasco de una cuchilla amenazadora, indiferente ya de cuanto sucedía a mi alrededor.

La mancha policroma remedaba las aguas de unas páginas de guarda. ¿De las de mi propio libro, quizá? De mi aventura, de mi ritmo, de mi «fatalidad personal». Algo fuera del tiempo normal, algo sencillo y singular, ajeno a cualquier otra preocupación, la caricia de una vida humana sin duda. La hora de las decisiones auténticas o de los votos religiosos, por decirlo de alguna manera. Pero mañana no será como ayer. Aquel pasado cuyo límite absoluto vislumbraba en aquel momento con tanta nitidez: la irrisoria pantomima de la protesta. Escogí; y recalcaba en mi fuero interno las palabras de esa decisión que respondía como un eco a otras idénticas de miles de jóvenes por toda Europa, de Hamburgo a Milán, de Bilbao a Estambul. Mai piú senza fucile, mai piú senza fucile! Nunca más... Se apoderó de mí una subida de fiebre. Me bajaban por la garganta como una poción ritual, un aguardiente, un agua de claridad virginal. Corrían, suaves y tibias. Me embriagaban hasta la extremidad de mis miembros heridos. Mai piú senza fucile. Me sentía ahito con aquella certeza elemental. Tenía ganas de salir del escondite y de vociferar en aquel tramo de calle tan civilizado: Mai piú senza fucile! Paladeaba todas y cada una de las sílabas de mi determinación: Mai-piú-sen-za-fu-ci-le. Era libre. Libre.

Ebrio por saberme limpio de cualquier cálculo, de cualquier paciencia vana. La insurrección se convertía en el oxígeno de mi aliento vital. Y esta noche, en el patio de los Colored, el tambor de las porras en el plástico de los escudos negros me habla. Me silabea mi mai piú senza fucile, para burlarse de mí, para reírse de mis trabajos forzados, de mis cárceles. Treinta años después, me pregunta: ¿dónde está aquel aliento del espíritu revolucionario? ¿Dónde está? ¿Dónde está el ardor entusiasta de nuestros juegos adolescentes y de las barricadas de aquel soñador lejano?

Ahora avanzan hacia nosotros con la porra en alto, y sonrío. Donde empieza el rechazo vuelve a nacer la memoria de los fusiles. En otros lugares es tan patética nuestra generación, con su compulsiva búsqueda de la amnesia. En cada revuelta de la retirada, tropieza con los cadáveres de los camaradas y con el arrepentimiento de su renuncia. Sonrío y tengo en las fauces la incorregible desesperación de la hemoglobina vagabunda. Y el tumultuoso rumor de la alegría me anega los ojos.

(Jean Marc Rouillan)

sábado, 22 de junio de 2013

Poema para jefes de personal

Si te decides,
elígenos a nosotros
que esperamos y fumamos y miramos aviesamente
que estamos consumidos por las penas y
febriles
de subir escalas rotas.

Elígenos
      nunca fuimos niños
      como vuestros niños.
      No entendemos canciones de amor
      como vuestras amadas.

Nuestros rostros son linoleo resquebrajado,
resquebrajado por las pisadas
fuertes, seguras, de nuestros amos.

A nosotros nos han criado con hojas de zanahoria
con semillas de sésamo y una gramática violenta;
malgastamos los días como mirlos enloquecidos
y nos entregamos al alcohol por las noches.
Nuestra leve sonrisa forzada nos cubre
como el confeti de un extraño:
y ni siquiera participamos de la Fiesta.

Somos una escena trazada con el
blanco pincel enfermizo de esta Época.

Fumamos, dormidos como higos en un plato.
Fumamos, tan muertos como la niebla.

Elígenos.

(Charles Bukowski - Poema para jefes de personal)

martes, 18 de junio de 2013

Cine para melómanos

     



Cómo una película simple puede convertirse en una obra maestra por:

1. Unos diálogos cojonudos.

2. Mucha música y una banda sonora memorable.

3. Humor cínico y dramático.

4. Un protagonista con carisma (y una actuación más que aceptable de Jack Black, increiblemente).

5. Listas, muchas listas.



Las cinco cosas que echo de menos de Laura: 

1. "Sentido del humor, muy seco pero también cariñoso y comprensivo. Y la mejor risa de todos los tiempos de la historia de todas las risas, se ríe con todo el cuerpo".

2. "Tiene carácter. Es leal, honesta y no se ensaña con la gente cuando tiene un mal día. Eso es carácter".

3. "No olvido su olor, ni su sabor. El misterio de la química humana, algo que no entiendo. Algunas personas actúan sobre tus sentidos haciendo que te sientas en casa".

4. "Me mola como va por la vida. Como si no le importara su aspecto ni lo que provoque. No es que no le importe. No es una tía aceptada y eso la hace elegante".

5. "Una cosita que hace en la cama cuando no puede dormir... empieza a gemir y se frota los dos pies la misma cantidad de veces, eso... me mata".

De acuerdo, Rob, he encontrado a alguien con 4 (y media) de las mejores cosas de Laura. Más alguna otra que no está en tu lista. Y en la vida real.

Por cierto, tu gusto musical da pena. ¿Massive Attack? ¿En serio?

Jódete.

lunes, 17 de junio de 2013

Celebraciones



Hoy es un día alegre, ha muerto una de mis tías fascistas.

Recuerdo el enorme chalet de mis tíos en Las Rozas, con una sala de discoteca en la planta baja. Hace años nos invitaba a fiestas en la piscina junto con el resto de su familia que bebían siempre agua embotellada. Solán de Cabras en lugar de agua del grifo, eso siempre me pareció curioso.

Recuerdo sentirme ajeno a todo aquello. Yo aún no sabía nadar, así que jugaba frente a una jaula con enormes perros de caza, mientras mis hermanas y el resto de mujeres se bañaban. Los señores hablaban de negocios. Yo me imaginaba a mis viejos tíos arrugados viviendo solos en aquel chalet rancio, siendo cuidados por asistentas a las que maltrataban.

Recuerdo a sus hijos, primos de mi madre, unos imbéciles estirados. Su actitud de superioridad era incluso peor que la de sus padres, a los que fueron incapaces de cuidar llegado el momento. Les estoy agradecido por haber sido un ejemplo para mi: sus conductas incendian mi odio de clase.

Recuerdo a sus asquerosos nietos, que rondaban mi edad. Niños pijos con el Cara al sol de tono de llamada en el móvil. Uno acabó en el ejército y otro es broker, de los demás no sé nada.

Mi madre no para de repetir que nos dieron muchas cosas. Sí, mi tia nos hizo regalos con la actitud altanera de quien tiene más (mucho más) de lo que necesita y mi madre siempre se agachó para recoger sus migajas. Creo que era la única que tenía verdadero aprecio a mis tíos. Me contaba cómo la acogieron en Madrid cuando era la niña inocente que venía del pueblo. Cómo le compraban bollos calientes de la panadería para desayunar. Junto a los bollos le transmitieron también los podridos valores de la burguesía franquista: aporofobia, racismo, insolidaridad. Valores que nunca detecté en mis abuelos.

Mis tíos acabaron vendiendo ese viejo chalet y marchándose a un piso en Madrid. Hasta el día en que mi tio murió y a ella la recluyeron en una residencia. Allí ha permanecido, sobreviviendo, hasta hoy.

Me gustaría pensar que la justicia poética de la soledad y la muerte pusieron en su sitio el verdadero valor de las posesiones materiales. Que en algún momento de lucidez se arrepintieron de no haber apostado más por las personas.

Me gustaría, pero no lo creo.

domingo, 16 de junio de 2013

Odio las mañanas II

Salgo. Voy solo por el patio de paseo. Solo. Nada más me acompaña una nube grande, demasiado baja, que ha quedado presa en el laberinto de hormigón. En la cresta del muro, se deshilacha en torbellinos que rasgan las alambradas. Suspira recuerdos de océanos y landas cubiertas de matorrales. Viene a olisquearme, a mí, al Robinsón Crusoe de las penitencias, quien, con la frente gacha, se atreve a hendir su vela empapada. La luz irisada de los miles de gotitas que le brotan del vientre de llovizna suenan, desabridas, en el cemento mojado. Ya conozco este eco tristón y húmedo. Aquí todo se torna gris, igual que un estudio a carboncillo. Una obra inconclusa y abandonada.

En lo más hondo de mi carne, mi otoño personal va impregnado de morado y amarillo. Poco me falta para los cincuenta tacos, pero no admito canas, rechazo la sal y la pimienta y elijo especias más cobrizas. Que saboreo chupándome un dedo, como haría con la mermelada. Morado, amarillo y rojo, los colores de la república española.

Gigantesco estandarte encima de mi cama de adolescente, me vuelves ahora a los brazos. ¡Es el regreso de los camaradas! ¿Venís a sacarme del gris deslavazado de mis castigos? ¿De sus bosques petrificados, tersos y sin aroma? ¿De sus crepúsculos sin noche, de este purgatorio sin descanso, de este exilio sin fin? «El exilio de todas y cada una de las horas en esta landa en donde se ha detenido el latido de los mundos» (Francois Muix).

Me gusta, debo decir, tener los colores del bosque en la cabeza. Se ocultan tras irrisorios biombos. Aspiran a ser prudentes hasta la primavera que viene, hasta el gusto de los sabores ocultos y perdidos. El recuerdo pardo y dorado de las noches de incendio se apodera de mí. Me sentaba en la balaustrada de la terraza que domina Barcelona. Me colgaban las piernas en el vacío, sobre los matorrales de un solar. Vibraba con las últimas luces como un fonógrafo viejo con la aguja de zafiro. Tú, ese que está tumbado en un colchón de playa para que no le resulten tan duros los baldosines aún tibios, vas a morir. Dentro de unas semanas, antes de que llegue la primavera, vas a morir. Y tú también, ese que abre trabajosamente el paquete azul oscuro de Celtas. ¡Vas a morir! Siempre de traje gris con camisa morada. Vas a morir. Aún reís, alzando hacia mí el rostro en el cobre del crepúsculo.

Esta mañana, la marioneta «independiente» de tve ha comunicado que a partir de ahora los terroristas no saldrán de la cárcel sin arrepentimiento previo. ¡Ay, cuánto os gusta el arrepentimiento! Al menos el de vuestros peores enemigos. Pues, en lo que a vosotros se refiere, lo habéis asumido como cosa propia y le habéis besado el empolvado culo a la joven monarquía envuelta en el manto de duelo de su padre el dictador. Saludáis la bandera de los vencedores.

Y casi sentís incluso la tentación de tararear el Cara al sol de vuestra sensata juventud. Tenéis ese indefinible sabor exangüe que tan armonioso resulta en nuestros días.

Ya no se os sonroja de vergüenza la facies cuando rezáis las oraciones del orden. Os movéis en un mundo incoloro que os hace olvidar vuestras pasiones carmesíes de antaño para entrar por fin en los corredores de la aristocracia transparente. Bien pensado, lo diáfano y lo insípido son efectivamente el blasón de este nuevo franquismo que calla su nombre y enseña la patita blanca por debajo de la puerta de los ayuntamientos en las noches de caza del hombre.

No me arrepentiré nunca, nunca, nunca...

No besaré la cruz que me arriman a los labios. Es posible que me achicharre en las hogueras contemporáneas, pero nunca abjuraré. Y, además, alzáis las piras igual que la Inquisición, convencidos de que su humo marca el camino hacia un cielo redentor.

La cruz ya me la habéis clavado en la puerta en la noche de san Bartolomé de los rebeldes. Y en esta matanza postmoderna de los incompatibles no hay sangre que os friegue los arroyos de las calles, sino un tambaleante murmullo tras los altos muros, la muerte lenta.

No podéis ya soportar el rostro de vuestra propia violencia. ¡Ocultad esta hemorragia y estos cadáveres! La violencia se arropa en su tabú. Lo cultiváis para amparar mejor el monopolio militarista. Hace poco aceptasteis con esa desenvoltura tan segura de sí misma que bombardeasen los arrabales obreros de Belgrado. Pero os escandaliza el menor incendio, la mínima resistencia en esas calles que queréis domesticar para hacerlas a vuestra translúcida imagen y semejanza. Y, como de costumbre, el mensaje lo lanzan las periferias de la protesta entre absurdos hipidos de discos rayados. Vuestros oponentes entonan sus himnos de guerra. Y así es como los tabúes se convierten en religión de Estado.

(Jean Marc Rouillan)

miércoles, 12 de junio de 2013

Miserias



Las consecuencias de las decisiones más ridículas son imposibles de prever. Nadie recomendaría elegir por pura vaguería. Una elección tan superficial puede llevarnos, con todo, a un momento fundamental de esos que no querríamos habernos perdido en nuestra vida.

Yo no creo en las leyes, pero tengo reglas de oro:
Si tengo quien me apoye al cien por cien tengo un tesoro.

Me lleva, en este caso, hasta una reunión inesperada que degenera en charla. Cuestiones vergonzosas sientan las bases de nuestra confianza mutua. Le echan coraje y sonrío. Me siento bien, entre los míos. Hablamos abiertamente y nos reimos de nuestra propia vergüenza.

A quienes creen que el sexo son bonitas experiencias
y les frustra la educación de pollas que penetran.

El deseo personal no puede generalizarse. No hay leyes ni reglas universales. Es dificil encontrar quien sepa perfectamente qué tocar, cómo y cuándo. Imposible sin confianza mutua.

Amor platónico, jamás nos conocimos.
Lo que sí conozco bien de ti es tu ausencia, por la forma en que vivimos.

Discutimos. No, no quiero sufrir, solo sentir algo más allá de la fria racionalidad que me envuelve. Solo saber que se puede volver a querer a alguien, aún cuando no lo sientas ya por una de las mejores persona que ha pasado por tu vida. ¿Es posible? Necesito conspirar con alguien para enfrentarme al mundo.

No tengais miedo a mostraros, si sois crema.
Si alguien no sabe aceptaros es su puto problema.

Odio las máscaras. La chulería y la frialdad para ocultar complejos y miserias. El silencio y el tratar de ser transparente para evitar ser contestado. La actitud de profe del que ayer era un novato, olvidando cuando no sabía o no podía. Esconder las dudas y los miedos para mostrar una seguridad impostada.

No digo que no la entienda, pero creo que la estrategia del erizo solo consigue más pinchos y más pinchazos. Construir relaciones que sepan ser abiertas y sinceras, de igual a igual, es dificil, pero merece la pena. Acabar con las miserias está en nuestras manos.

 Hoy vine para que se grabe en tu memoria:
Merece la pena creer en ti y en tus historias

Ni la falta de autoestima, ni las miradas, ni la ignorancia. Nada debería plegarnos a no vivir como creemos. Apuesta por ti mismo, saca de dentro tu dignidad rebelde y no te preocupes por cagarla. Tendrás al lado a los que merezcan la pena para echar una mano y levantarte.

Las palabras se las lleva el viento, pero se agradece poder compartirlas.


martes, 11 de junio de 2013