No teneis ni idea, apenas podeis entrever una mínima parte de la rabia que me arde dentro.
He desmontado el salpicadero del coche. Siempre el puto coche como metáfora. Intentaron robarme la radio arrancándola y reventaron los cables desde la base. Al tratar de empalmarlos hoy se han jodido los intermitentes y ya se ha montado el cristo. Estoy harto. Harto.
Antes ya había tenido una enganchada virtual más o menos estúpida.
Vosotros, los que estais a mi lado, con los que hablo y disfruto cada día, os llevais todo mi afecto porque el rechazo hacia los que hay más allá es demasiado grande. Un desprecio que me agota psicológicamente. El único sentimiento auténtico capaz de saturarme, de sumergirme hasta el punto de hacerme perder el control. Si escribo esto es porque necesito volcarlo.
A veces deseo destrozar algo hermoso.
Mi capacidad de contención empieza a resquebrajarse. Necesito echar a más gente de mi vida. No me dan ya ni estabilidad. Ni me apoyan en mis batallas ni me refugian de los golpes. Solo perdemos el tiempo absurdamente con simulacros de amistad o familia. Necesito recuperar a alguna gente perdida en mi vida.
Mientras tanto, escucho Ictus. Los gallegos son de lo mejor para canalizar la ira.




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