sábado, 10 de noviembre de 2018

Dystopia now

“Power is in inflicting pain and humiliation.

 Power is in tearing human minds to pieces and putting them together again in new shapes of your own choosing.

Do you begin to see, then, what kind of world we are creating? It is the exact opposite of the stupid hedonistic Utopias that the old reformers imagined. A world of fear and treachery and torment, a world of trampling and being trampled upon, a world which will grow not less but more merciless as it refines itself.

Progress in our world will be progress towards more pain. The old civilizations claimed that they were founded on love or justice. Ours is founded upon hatred. In our world there will be no emotions except fear, rage, triumph, and self-abasement. Everything else we shall destroy, everything.

Already we are breaking down the habits of thought which have survived from before the Revolution. We have cut the links between child and parent, and between man and man, and between man and woman. No one dares trust a wife or a child or a friend any longer.

But in the future there will be no wives and no friends. Children will be taken from their mothers at birth, as one takes eggs from a hen. The sex instinct will be eradicated. Procreation will be an annual formality like the renewal of a ration card.

We shall abolish the orgasm. Our neurologists are at work upon it now.

There will be no loyalty, except loyalty towards the Party. There will be no love, except the love of Big Brother. There will be no laughter, except the laugh of triumph over a defeated enemy. There will be no art, no literature, no science. When we are omnipotent we shall have no more need of science. There will be no distinction between beauty and ugliness. There will be no curiosity, no enjoyment of the process of life. All competing pleasures will be destroyed.

But always -- do not forget this, Winston -- always there will be the intoxication of power, constantly increasing and constantly growing subtler. Always, at every moment, there will be the thrill of victory, the sensation of trampling on an enemy who is helpless.

If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face -- forever.” -O'Brien

George Orwell, "1984"

lunes, 5 de noviembre de 2018

Noviembre, cuando los muertos celebran la vida



"las civilizaciones Quechua, Aymara, Maya, Azteca, entre otras, explicaron la “muerte”, como parte de un ciclo de la Vida en constante regeneración. Mas no como un fatal final, o fracaso existencial. Por eso, incluso en nuestras comunidades bautizadas la “muerte” de un ser querido no se llora, se celebra con fiesta. Abundante comida, bebidas y música.

Quienes fallecen y se reincorporan al vientre húmedo y fresco de nuestra Madre Tierra no desaparecen de nuestra convivencia cotidiana. Ellas y ellos, renacidos a una nueva dimensión existencial, diferente a la nuestra actual, continúan siendo “sujetos” en y para la comunidad cósmica, con sus derechos y obligaciones. Continúan siendo sujetos históricos colectivos, acuerpando e impulsando las inconclusas historias familiares y/o nacionales.

En nuestras filosofías, las y los “difuntos”, no desaparecen, ni se van. Existen y coexisten con y entre nosotros/as hilvanando una infinidad de interrelaciones en la comunidad cósmica y humana. Esta es nuestra mayor certeza que difumina en nosotros el tenebroso miedo a la muerte."

Ollantay Itzamná

viernes, 20 de julio de 2018

Próxima estación

—Tranquila, ya vas a ver, sólo espera a que lleguemos.
De manera intermitente, la luz naranja del túnel iluminaba las caras de las dos hermanas.
—Ya verás —Repitió Irene—. Hay tiendas de juguetes grandes como una casa.
La pequeña Marina abría enormemente los ojos ante la perspectiva que dibujaba su hermana.

El metro las transportaba velozmente en dirección a Zaragoza, acompañadas de sus padres.
—Aún me impresiona poder recorrer España en metro, ¡y a esta velocidad! —dijo Javier.
—Sí, aunque echo de menos la superficie, respirar algo de aire. —Pedro recordó los viajes en coche que había hecho de joven. Ahora el calor hacía intransitable la meseta durante el día, y muy pocos disponían de vehículo privado.
— Tranquilo, gordo. Enseguida estamos.

De repente, una voz sonó por los altavoces anunciando una parada imprevista por problemas técnico en una estación de nombre irreconocible.
—Vamos afuera —dijo Pedro con una sonrisa cuando el tren se hubo detenido por completo.

—¡Juguetes! —Marina estaba ansiosa por encontrar las maravillas de las que hablaba su hermana.
—No, tonta, no es aquí —Contestó Irene. Ya en la superficie, las dos descubrieron a su alrededor amplias praderas de campo, un paisaje con casas visiblemente abandonadas y sin comercios.

—¿De dónde vienen ustedes? —les preguntó una señora que jugueteaba con hebras de paja entre sus manos.
—De Madrid —Respondió sonriente Irene, mientras sus padres asentían.
—No encontrarán ya mucho por aquí. Los trenes pasan ahora bajo tierra y raramente paran.
En realidad estaban prendidos del inesperado paisaje, decadente pero hermoso.
—¿Queréis un regalo, canijas? —la mujer les mostraba unos mimbres atados con forma de perro. Ellas aceptaron el regalo ilusionadas y le dieron las gracias. En Madrid nadie regalaba ya nada, y menos juguetes.

Justo en ese momento sonaba el silbato del tren, que les llamaba de vuelta. Se despidieron con prisa y descendieron de nuevo a las profundidades. El lujoso metro no tardó en arrancar de nuevo hacia el destino esperado. Toda la familia partía ahora con el convencimiento de dejar atrás un pliego del espacio, un lugar  secreto que sobrevivía incomunicado.