martes, 21 de enero de 2014

Confianza, decepción... relaciones



Es dificil conocer a alguien. ¿Cómo podríamos conocer a otro si somos incapaces de conocernos a nosotros mismos?

Sabemos que todas las personas son más de lo que muestran porque nosotros nunca nos mostramos al completo. Decimos cosas que no pensamos y pensamos cosas que no decimos. Nos disfrazamos, nos relacionamos detrás de una máscara y la usamos incluso para engañarnos a nosotros mismos. ¿Quién somos en realidad, cuánto merece la pena conocernos? ¿Cómo operamos frente a nuestras miserias internas: las afrontamos o preferimos ignorarlas? ¿A quién nos abrimos y por qué le damos ese derecho a conocernos y esa posibilidad de enfrentarnos a nuestros miedos e inseguridades?

Elegir bien a las personas de tu alrededor es un arte extraño. Por un lado confiamos en quien no lo merece y por otro, dejamos de confiar en quien solo necesita un guiño para darlo todo.

A veces me empeño en alguien. Veo en esa persona más de lo que en realidad es, más incluso de lo que es capaz de ver en sí misma. Me engancho de sus errores, me empeño en dar un sentido positivo a sus acciones, en comprender más allá de lo que resulta comprensible. Busco justificaciones imposibles en el infierno de sus miedos e inseguridades, creo ver un brillo infinito en la luz más tenue... pero a veces no hay nada, absolutamente nada más allá de lo que todos pueden ver. La realidad se vuelve simple y llana mientras tratas de lidiar con la decepción más absoluta.

Hay tantas personas incapaces de demostrar la fortaleza de afrontar las propias debilidades, incapaces de mandar a la mierda a las personas que les rebajan. Tantas que andan como perritos perdidos, de esos que van mendigando aceptación y acaban mal vistos y ahuyentados a pedradas... Me vienen las frases de otro texto a la cabeza: La necesidad compulsiva de cariño o aceptación aumenta con cada nueva humillación... Mucha gente no consigue escapar de su papel de víctima, incluso se recrea en él... Qué duro ver que te has dejado utilizar, recuperar la autoestima y afrontar lo que viene después de la resaca con la cabeza alta y la mente despejada. No es raro que las personas huyamos hacia delante.

No, no es raro, es terrible y decepcionante.


lunes, 6 de enero de 2014

Lady sings the blues


Un cantante no es como un saxo, aunque a veces la gente actúa como si lo pensara. Si no suenas bien, no puedes salir a comprar unas lengüetas nuevas, darles forma y colocarlas. Un cantante es sólo una voz, y una voz depende exclusivamente del cuerpo que Dios te ha dado. Cuando abres la boca, nunca sabes lo que ocurrirá.

Se supone que nunca me deben doler las muelas y que no debo ponerme nerviosa; no puedo vomitar ni enfermar del estómago; se supone que no puedo coger una gripe ni tener dolor de garganta. Se supone que debo salir a escena lo más bonita posible, cantar bien y sonreir.

¿Por qué? Porque soy Billie Holiday y he tenido problemas.


domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Cómo se coloca todo bien?

"¿Cómo se coloca todo bien? ¿Cómo lo consiguen las personas? Porque si te callas demasiadas cosas, un día estallan o se pudren. Pero si las dices, haces daño. Y a veces mueves la mano y sin querer tiras el vaso y hay agua y cristales; dicen que eso es fácil de arreglar con una bayeta y barriendo cristales. Lo que no se arregla es que te gustaría clavarte uno, que saliera sangre y no llorar."
Belén Gopegui

sábado, 28 de diciembre de 2013

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cerca del final, dónde todo empieza



"De pronto, las nubes se disiparon y las estrellas brillaron espectralmente sobre sus cabezas. Abajo todo seguía oscuro, pero aquellas pálidas balizas en el cielo parecían animadas en un sentido y un propósito que nunca habían tenido en otro lugar. No es que las figuras de las constelaciones fuesen diferentes, sino que las mismas formas conocidas parecían revelar un significado que antes no habían logrado poner de manifiesto. Todo convergía hacia el norte; cada curva, cada asterismo del reluciente firmamento formaba parte de un vasto proyecto cuya función era obligar primero al ojo, y después al mismo observador, a dirigirse hacia un secreto y terrible objetivo convergente situado más allá del yermo helado que se extendía interminable ante ellos."

martes, 3 de diciembre de 2013

Susan

Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood… Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores


Es que Europa, la Europa en construcción desde la victoria final del capitalismo, en 1989, se trae otra cosa entre manos. Algo que verdaderamente deja obsoleta la mayor parte de las cuestiones relativas a la justicia y, en realidad, todas las cuestiones morales. [...]  Una Europa diseñada para el espectáculo, el consumo y el apretón de manos... [...] Sí, esto es Europa. La Europa que no respondió al bombardeo serbio de Dubrovnik. Ni al sitio de tres años de Sarajevo. La Europa que permitió que Bosnia muriera.

Una nueva definición de Europa: el lugar en que el no ocurren tragedias. Guerras, genocidios... eso ocurrió aquí una vez, pero ya no. Son cosas que pasan en África. (O en lugares de Europa que no son "realmente" Europa. Es decir, en los Balcanes). [...] Porque algo verdaderamente horrible sucedió en Bosnia. Desde los campos de exterminio serbios en el norte de Bosnia en 1992, que fueron los primeros campos de exterminio en suelo europeo desde los años cuarenta, hasta las ejecuciones en masa de muchos miles de civiles en Srebenica y en otras partes durante el verano de 1995... Europa lo toleró.

Así que, obviamente, Bosnia no era Europa.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

The Real Toy Story


La verdadera historia tras los juguetes.


Son el alma y corazón del capitalismo. Cosas bonitas cargadas de miseria. Alegría industrial. Regalos envenenados. En el centro de la explotación las sonrisas frente a la cámara se congelan en amargura.


Los cuerpos vivos se amontonan entre las piernas y brazos de plástico, los cuerpos de plástico, los héroes infantiles de plástico. Sobreviven, comen y duermen rodeados de los regalos de unos pocos.


Y trabajan. Repiten mecánicamente el mismo gesto una y otra y otra vez, hasta que su cuerpo se adecúa a la más indigna repetición. Hasta convertirse en los muñecos que hacen muñecos.


El consumo sanciona la situación productiva. ¿Qué importa el hacinamiento, siempre que lo sufra quien nos es ajeno? Compramos la desgracia de muchos para sembrar un algo de alegría exigua en unos pocos.


Estas navidades las niñas chinas le han pedido a Papa Noel no tener (que fabricar) tantos regalos.


 Cuando se acercan ciertas fechas no está de más recordarlo.



(Todas las fotografías son de Michael Wolf)