Es dificil conocer a alguien. ¿Cómo podríamos conocer a otro si somos incapaces de conocernos a nosotros mismos?
Sabemos que todas las personas son más de lo que muestran porque nosotros nunca nos mostramos al completo. Decimos cosas que no pensamos y pensamos cosas que no decimos. Nos disfrazamos, nos relacionamos detrás de una máscara y la usamos incluso para engañarnos a nosotros mismos. ¿Quién somos en realidad, cuánto merece la pena conocernos? ¿Cómo operamos frente a nuestras miserias internas: las afrontamos o preferimos ignorarlas? ¿A quién nos abrimos y por qué le damos ese derecho a conocernos y esa posibilidad de enfrentarnos a nuestros miedos e inseguridades?
Elegir bien a las personas de tu alrededor es un arte extraño. Por un lado confiamos en quien no lo merece y por otro, dejamos de confiar en quien solo necesita un guiño para darlo todo.
A veces me empeño en alguien. Veo en esa persona más de lo que en realidad es, más incluso de lo que es capaz de ver en sí misma. Me engancho de sus errores, me empeño en dar un sentido positivo a sus acciones, en comprender más allá de lo que resulta comprensible. Busco justificaciones imposibles en el infierno de sus miedos e inseguridades, creo ver un brillo infinito en la luz más tenue... pero a veces no hay nada, absolutamente nada más allá de lo que todos pueden ver. La realidad se vuelve simple y llana mientras tratas de lidiar con la decepción más absoluta.
Hay tantas personas incapaces de demostrar la fortaleza de afrontar las propias debilidades, incapaces de mandar a la mierda a las personas que les rebajan. Tantas que andan como perritos perdidos, de esos que van mendigando aceptación y acaban mal vistos y ahuyentados a pedradas... Me vienen las frases de otro texto a la cabeza: La necesidad compulsiva de cariño o aceptación aumenta con cada nueva humillación... Mucha gente no consigue escapar de su papel de víctima, incluso se recrea en él... Qué duro ver que te has dejado utilizar, recuperar la autoestima y afrontar lo que viene después de la resaca con la cabeza alta y la mente despejada. No es raro que las personas huyamos hacia delante.
No, no es raro, es terrible y decepcionante.













