"En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad"
En "Ampliación del campo de batalla" Houllebecq usa la ironía y la crítica punzante para condenar a nuestra sociedad, construida sobre los valores del liberalismo económico. El protagonista y narrador, un informático de vida apática, es el encargado de dirigir la exposición sobre la decadencia de esta civilización materialista.
Para él, la miseria existencial, la acritud y la soledad son estados superpuestos en su avance desde la observación cínica de la realidad a la intervención macabra. Es quien pronuncia la tesis principal del libro: la ampliación, en esta sociedad, del campo de batalla (bajo la lógica de mercado) a todas las parcelas de la vida. Así, la competencia sexual se establece como un sistema de jerarquía social complementario al del poder-dinero.
Pero no se trata de un análisis reprobatorio, no hay una implicación militante en el narrador, ni un deseo por cambiar nada. En realidad, no hay siquiera una aceptación mínima de la posibilidad de cambio. Encuentra una única posibilidad de resistencia en la indiferencia. Y, en ese camino, una excusa excelente en la depresión. Esa resistencia pasiva no le salva de la espiral descendente hacia la (auto)destrucción, tal como expresa el autor en alguna entrevista: La sociedad en que vivimos quiere destruirnos. El arma que emplea es la indiferencia, y hay que pasar al ataque, poner el dedo en la llaga y apretar bien fuerte. Hablar de lo abyecto: la enfermedad, la ausencia de amor, la fealdad… pero sin adherirse a ninguna idea ni profesar ninguna militancia. (Houellebecq M. , Cultura, 2012)
El narrador se niega así a participar en la batalla. Prefiere masturbarse a tratar de ligar, lo que no sería más que una forma de lucha militante. Arrastra consigo a su compañero, representación última de la esperanza insistente, al que termina por quebrar.
Tras él, frente a la deshumanización, no hay nada.








