Power is in tearing human
minds to pieces and putting them together again in new shapes of your
own choosing.
Do you begin to see, then, what kind of world we are
creating? It is the exact opposite of the stupid hedonistic Utopias that
the old reformers imagined. A world of fear and treachery and torment, a
world of trampling and being trampled upon, a world which will grow not
less but more merciless as it refines itself.
Progress in our world
will be progress towards more pain. The old civilizations claimed that
they were founded on love or justice. Ours is founded upon hatred. In
our world there will be no emotions except fear, rage, triumph, and
self-abasement. Everything else we shall destroy, everything.
Already we
are breaking down the habits of thought which have survived from before
the Revolution. We have cut the links between child and parent, and
between man and man, and between man and woman. No one dares trust a
wife or a child or a friend any longer.
But in the future there will be
no wives and no friends. Children will be taken from their mothers at
birth, as one takes eggs from a hen. The sex instinct will be
eradicated. Procreation will be an annual formality like the renewal of a
ration card.
We shall abolish the orgasm. Our neurologists are at work
upon it now.
There will be no loyalty, except loyalty towards the Party.
There will be no love, except the love of Big Brother. There will be no
laughter, except the laugh of triumph over a defeated enemy. There will
be no art, no literature, no science. When we are omnipotent we shall
have no more need of science. There will be no distinction between
beauty and ugliness. There will be no curiosity, no enjoyment of the
process of life. All competing pleasures will be destroyed.
But always
-- do not forget this, Winston -- always there will be the intoxication
of power, constantly increasing and constantly growing subtler. Always,
at every moment, there will be the thrill of victory, the sensation of
trampling on an enemy who is helpless.
If you want a picture of the
future, imagine a boot stamping on a human face -- forever.” -O'Brien
"las civilizaciones Quechua, Aymara, Maya, Azteca, entre otras,
explicaron la “muerte”, como parte de un ciclo de la Vida en constante
regeneración. Mas no como un fatal final, o fracaso existencial. Por
eso, incluso en nuestras comunidades bautizadas la “muerte” de un ser
querido no se llora, se celebra con fiesta. Abundante comida, bebidas y
música.
Quienes fallecen y se reincorporan al vientre húmedo y fresco de
nuestra Madre Tierra no desaparecen de nuestra convivencia cotidiana.
Ellas y ellos, renacidos a una nueva dimensión existencial, diferente a
la nuestra actual, continúan siendo “sujetos” en y para la comunidad
cósmica, con sus derechos y obligaciones. Continúan siendo sujetos
históricos colectivos, acuerpando e impulsando las inconclusas historias
familiares y/o nacionales.
En nuestras filosofías, las y los “difuntos”, no desaparecen, ni se
van. Existen y coexisten con y entre nosotros/as hilvanando una
infinidad de interrelaciones en la comunidad cósmica y humana. Esta es
nuestra mayor certeza que difumina en nosotros el tenebroso miedo a la
muerte."
—Tranquila, ya vas a ver, sólo espera a que lleguemos.
De manera intermitente, la luz naranja del túnel iluminaba las caras de las dos hermanas.
—Ya verás —Repitió Irene—. Hay tiendas de juguetes grandes como una casa.
La pequeña Marina abría enormemente los ojos ante la perspectiva que dibujaba su hermana.
El metro las transportaba velozmente en dirección a Zaragoza, acompañadas de sus padres.
—Aún me impresiona poder recorrer España en metro, ¡y a esta velocidad! —dijo Javier.
—Sí, aunque echo de menos la superficie, respirar algo de aire. —Pedro recordó los viajes en coche que había hecho de joven. Ahora el calor hacía intransitable la meseta durante el día, y muy pocos disponían de vehículo privado.
— Tranquilo, gordo. Enseguida estamos.
De repente, una voz sonó por los altavoces anunciando una parada imprevista por problemas técnico en una estación de nombre irreconocible.
—Vamos afuera —dijo Pedro con una sonrisa cuando el tren se hubo detenido por completo.
—¡Juguetes! —Marina estaba ansiosa por encontrar las maravillas de las que hablaba su hermana.
—No, tonta, no es aquí —Contestó Irene. Ya en la superficie, las dos descubrieron a su alrededor amplias praderas de campo, un paisaje con casas visiblemente abandonadas y sin comercios.
—¿De dónde vienen ustedes? —les preguntó una señora que jugueteaba con hebras de paja entre sus manos.
—De Madrid —Respondió sonriente Irene, mientras sus padres asentían.
—No encontrarán ya mucho por aquí. Los trenes pasan ahora bajo tierra y raramente paran.
En realidad estaban prendidos del inesperado paisaje, decadente pero hermoso.
—¿Queréis un regalo, canijas? —la mujer les mostraba unos mimbres atados con forma de perro. Ellas aceptaron el regalo ilusionadas y le dieron las gracias. En Madrid nadie regalaba ya nada, y menos juguetes.
Justo en ese momento sonaba el silbato del tren, que les llamaba de vuelta. Se despidieron con prisa y descendieron de nuevo a las profundidades. El lujoso metro no tardó en arrancar de nuevo hacia el destino esperado. Toda la familia partía ahora con el convencimiento de dejar atrás un pliego del espacio, un lugar secreto que sobrevivía incomunicado.
I see our names on railroad posters
Sayin’ we’re wanted all around this land
Got ambushed by 16 enemy soldiers
At the creek just north of Choctaw Canyon
Bullets spread out over the horizon
There was no fear in our eyes
Hear they sent 16 in to get us
Word is that only two survived.
And we were american outlaws
Ridin’ across the plain
From Montana down to Mexico
Tryin’ to find a better way
De un portazo destrozó sus ilusiones. Y le había dolido.
El
día había amanecido inigualable, por fin alguien se interesaba por sus
trabajos y en el contestador había más de tres llamadas. Todo perfecto.
Había colocado lentamente sus dibujos en una carpeta, había salido de casa y en el ascensor se había encontrado con la sensación de que hoy era el día.
—¡Hola pequeña emoción agradable! Hacía tiempo que no te sentía. Cuando se abrieron las puertas corrió hacia su cita.
Él estaba sentado en la terraza de la cafetería, tenía un aspecto inflexible, inteligente, interesado. Ella también se sentó, sonrió y le pasó los papeles. Él comenzó a
mirar sus obras, a observarlas con detenimiento, a pasar uno por uno los años de su vida.
No le gustan —pensaba ella en el momento en que una gota mojaba el folio. Él cerró inmediatamente la carpeta y miró al cielo.
¿Gotas? No,
no puede ser, no puede ponerse a llover ahora... Por un momento él dudó. Ella también. Él reaccionó antes y, alargando la mano, le devolvió los dibujos. Quedó en llamarla para reunirse otro día, uno en que hiciera mejor tiempo. A
ella un podemos ir dentro se le ahogó en la boca. Mientras, rompía a
llover más fuerte. Él se despidió, se dio la vuelta y encogió los hombros.
Ella se puso en
el momento a ser muy infeliz. ¿Qué le quedaba ahora? Una carpeta llena
de papeles. Papeles mojados.
La fiesta ya ha empezado, aunque quizás aún no estés al tanto. Bien, de eso se trata por el momento. Aunque los barcos hayan empezado a arder el primer despertar debe ser por sorpresa.
¿No lo creéis? Veamos. Las iniciativas de cambio están en marcha, y no hablo de ninguna de esas opciones disponibles para votar. La destrucción imparable de los recursos energéticos limita las posibilidades de acción del bando en el poder y eso nos beneficia. Los de abajo empezamos a construir desde la nada, esa es una fortaleza exigua, pero real.
Los golpes represivos aleatorios y sin dirección sólo sirven para fortalecernos. Todos esos detenidos saben ahora de la necesidad de buscar una base social desde la que apoyarse y resistir. La gente está buscando una chispa de ilusión para prender. Está en nuestra mano encontrarla y encenderla. Eso es lo que nos queda, tal como cantaban los Maniática en los 90. Ese rock que nos acunó a muchos y aún nos empuja: Vamos a resistir con golpes y esfuerzo.