martes, 16 de diciembre de 2014

Sobre la miseria en el medio artístico (1998)

“El capitalismo le garantiza al arte una concesión de perpetuo pri-
vilegio, el de la actividad puramente creativa, una coartada para la ali-
mentación de todas las demás actividades(...) pero al mismo tiempo,
esta esfera reservada para la “actividad libremente creativa” es la única
en la que las cuestiones de la comunicación y de qué hacemos con la vida
se plantean práctica y completamente. Aquí, en el arte, yace el primer
punto localizado de antagonismo entre los partidarios y adversarios de
las razones oficialmente dictadas para vivir. La falta de sentido y la
separación (del arte) que se crean da lugar a una crisis general de los
medios artísticos, una crisis que enlaza con los modos de vida alternati-
vos, con la exigencia de una nueva forma de vida.
”
Guy Debord (1960)


[...]
5. Pillaje, robo, saqueo, gamberrismo, vandalismo, sabotaje, insumisión... estos son los estilos artísticos de la gran negación.

6. El que vuestras obras puedan ser admiradas dentro de 100 años no es por tanto un elogio sino una condena a la humanidad.
 
[...]

“Lo que queremos no nos lo podéis vender”

Instituto Asturiano de Vandalismo Comparado

miércoles, 12 de noviembre de 2014

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El mundo desencantado

"Al imponerse una concepción racional del mundo a la cosmovisión religiosa, la naturaleza quedó desacralizada y el mundo, desencantado. Perdió todo su significado y en adelante la contemplaron con indiferencia como un objeto inerte y una materia prima; en suma, como un almacén de recursos. El antagonismo entre una naturaleza despojada de sentido y una civilización expoliadora quedó plasmado en una serie de conceptos ambiguos como el éxito, el bienestar, el desarrollo o… el progreso. La actividad humana dejó de celebrar la relación misteriosa con la naturaleza y pasó, no a considerarla racionalmente tratando de aprehender su verdad para poder así guiarse, sino que procedió a su dominación. Entonces, al convertirla en un objeto de explotación sin límites, lo realmente conseguido fue la adaptación forzosa de los individuos a un medio social coactivo engendrado durante el proceso. El progreso se pagaba sometiendo la vida a la racionalización pragmática impuesta por la mercancía y el Estado en la que los medios se confundían con los fines: la vida obedecía al progreso, no al contrario. La vida esclava del progreso era un crisol donde se fundía la razón objetiva y se evaporaban todos los conceptos que constituían su núcleo: verdad, justicia, felicidad, igualdad, solidaridad, tolerancia, libertad… Tal como concluía Horkheimer, “el dominio de la naturaleza incluye el dominio sobre los hombres.” La tiranía ejercida sobre la naturaleza trajo como consecuencia la sumisión y el embrutecimiento simultáneos del ser humano. El vaciado de la conciencia se deducía de la concepción mecanicista del hombre. Ya el más extremista de todos los filósofos materialistas, La Mettrie, concebía al ser humano como una máquina que se montaba ella misma sus resortes, y consideraba el pensamiento como un subproducto de la actividad mecánica de importancia menor. Tal inaudita concepción, formulada a mediados del siglo XVIII durante la lucha intelectual contra los sistemas metafísicos y las religiones, fundaba científicamente la manipulabilidad de la especie humana, cosa que las clases dirigentes de la posteridad tomaron muy en serio. Por ironía de la historia, la religión no saldría perdiendo. Un siglo más tarde, el álgebra de Boole, que hizo posible la simulación mecánica del pensamiento humano, redujo éste a una simple representación matemática, persiguiendo ni más ni menos que la “revelación de la mente de Dios.” Si ascendemos por el camino de la matemática binaria, sin lugar a dudas, los ordenadores digitales nos acercarán más a la divinidad, que ya no está en los cielos, sino en el espacio virtual."

Extracto de Media noche en el siglo. Apuntes contra el progreso.
Noviembre de 2012.
Miquel Amorós.

martes, 4 de noviembre de 2014

Ampliación del campo de batalla



"En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad"

En "Ampliación del campo de batalla" Houllebecq usa la ironía y la crítica punzante para condenar a nuestra sociedad, construida sobre los valores del liberalismo económico. El protagonista y narrador, un informático de vida apática, es el encargado de dirigir la exposición sobre la decadencia de esta civilización materialista.

Para él, la miseria existencial, la acritud y la soledad son estados superpuestos en su avance desde la observación cínica de la realidad a la intervención macabra. Es quien pronuncia la tesis principal del libro: la ampliación, en esta sociedad, del campo de batalla (bajo la lógica de mercado) a todas las parcelas de la vida. Así, la competencia sexual se establece como un sistema de jerarquía social complementario al del poder-dinero.

Pero no se trata de un análisis reprobatorio, no hay una implicación militante en el narrador, ni un deseo por cambiar nada. En realidad, no hay siquiera una aceptación mínima de la posibilidad de cambio. Encuentra una única posibilidad de resistencia en la indiferencia. Y, en ese camino, una excusa excelente en la depresión. Esa resistencia pasiva no le salva de la espiral descendente hacia la (auto)destrucción, tal como expresa el autor en alguna entrevista: La sociedad en que vivimos quiere destruirnos. El arma que emplea es la indiferencia, y hay que pasar al ataque, poner el dedo en la llaga y apretar bien fuerte. Hablar de lo abyecto: la enfermedad, la ausencia de amor, la fealdad… pero sin adherirse a ninguna idea ni profesar ninguna militancia. (Houellebecq M. , Cultura, 2012)

El narrador se niega así a participar en la batalla. Prefiere masturbarse a tratar de ligar, lo que no sería más que una forma de lucha militante. Arrastra consigo a su compañero, representación última de la esperanza insistente, al que termina por quebrar.

Tras él, frente a la deshumanización, no hay nada.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Estrés, estrés, estrés

Escribo esta entrada de madrugada. No puedo dormir porque tengo que trabajar y no puedo trabajar porque tengo que dormir. Se me escapa el tiempo. Estoy aquí y allá sin saber cómo he llegado, tengo momentos de lucidez pasajera y paso el resto del tiempo en brumas, imaginándome atareado frente a la pantalla.

Solo American Horror Story, esa pesadilla demente, es capaz de despertar mi atención y despejarme la cabeza. Brutal, mordaz, acelerada y sin escrúpulos... Uno es capaz de perdonarle todos sus excesos precisamente por ese gusto por la desproporción, lo exagerado. Sobre el buen hacer de Jessica Lange y Zachary Quinto se montan las enrevesadas tramas de terror que nos enchufa Ryan Murphy en las dos primeras temporadas. Mención especial a la locura de temáticas que toca Asylum (¿Anna Frank?) y a la presencia constante de enajenados patriarcales que acaban por ser el mayor terror, el más constante, el más real.


lunes, 7 de julio de 2014

domingo, 29 de junio de 2014

Deliberando


Se me acaba el tiempo de disfrutar de mi habitación, así que ayer dediqué media noche a ver Big Fish acompañado. Llegando a Espectro, me di cuenta del guiño de Burton a Deliverance con el tipo del porche.

Pues es de esta última, Deliverance, de la que me apetece hablar. Peliculón: Cine negro, rednecks, violencia a espuertas, urbanitas yankis en medio de los montes apalaches y hasta un toque ecologista... Todo jalonado con un duelo de banjos mitiquísimo.


El desarrollo da un cambio de rumbo con toda la tranquilidad y lo que empieza como una alegre película de aventuras se convierte poco a poco en un film sádico y tormentoso. El argumento juega con la oposición primitivo-civilizado como un gato con sus presas: De forma brutal y descarnada, pero también curiosa. ¿Qué es lo civilizado y hasta dónde llega? ¿Qué, si no las personas, podría ser lo más salvaje en esos montes? De esas preguntas habla el título.

Sobre Big Fish me extiendo otro día, que también tiene mucha tela.